Nos describía Jordi Soler hace unas semanas (La era de Funes, EL PAÍS, 30-3-2014) a “esos hombres del siglo XXI, sentados e inmóviles frente a una pantalla de ordenador, con una memoria infalible de gigabytes, que disfrutan de una realidad mejorada…”, y no le faltaba clarividencia para intuir esa universal querencia por crear realidades p…