Uno. Hace unos días volvieron a sonar las sirenas en Tel-Aviv. En nuestro edificio no tenemos un refugio propiamente dicho, así que permanecimos en la escalera: dos hombres con sus dos bebés, dos ancianas y yo. “¿Dónde están los demás vecinos? Ya no vienen a la escalera como antes, qué pena…”, dijo uno de ellos, y todos nos reím…