Tendremos que ser más beligerantes que nunca, tendremos que denunciar cada insulto, cada agresión. Y hacerlo, sobre todo, sin dejar que su odio nos envenene la sangre a quienes no lo sentimos. Fue en un spa de ciudad con limpísimas piscinas de hidromasaje, olor a paz y tranquilidad, un oasis en medio del ruido.