Opinar por opinar, o como decimos en valenciano parlar per parlar, es lo que se lleva. Si tuviésemos que utilizar otra expresión popular para definir esto lo concluiríamos con que «la ignorància és la mare de l’atreviment».

La educación que recibían las mujeres en el pasado es uno de los temas que ha concitado mayor interés en los estudios de género. Ni que decir tiene que el acceso a la educación, tanto para las clases altas como bajas, iba dirigida a prepararlas para ser buenas esposas y madres. Las mujeres aprendían a leer y a escribir y se les instruía en aquellas tareas que les ayudaban a cumplir sus funciones domésticas

Negar la violencia de género obedece a un tipo de rearme ideológico masculino con el que se pretende desactivar el avance del feminismo y obstruir el camino hacia la igualdad.

El BCE tomó medidas para reducir su brecha de género pero las mujeres siguen presentándose menos para optar a los mandos intermedios. No se trata de que las mujeres nos ‘masculinicemos’ para alcanzar el poder ni de que entremos sin más en las estructuras para que éstas puedan presumir de que ya son paritarias sino de que repensemos y transformemos las propias estructuras.Si llegar a determinadas posiciones implica trabajos absorbentes que impiden cuidar y autocuidarse la pregunta no sería tanto por qué las mujeres se autoexcluyen sino cómo es posible que los hombres lo acepten sin rechistar y no reclamen otra cosa

Ninguna de esas ideas que defiende la derecha tiene que ver con lo que realmente proclama el feminismo ni es verdad que las políticas feministas tengan los efectos que le achacan. Es una burda caricatura, o más bien una simple mentira, afirmar que el feminismo equipara a todos los hombres con maltratadores o violadores

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