Uno de los jugadores de la Arandina ha sido muy claro en la interpretación de lo ocurrido, cuando tras conocer la sentencia ha manifestado, “esto hace 15 años estoy en mi casa echando un parchís”, justo la misma idea que expresó Plácido Domingo en su comunicado al hacer referencia a que las normas y los estándares cambian

La joven activista sueca, que participará en la COP25 en Madrid, despierta rechazo en algunas personas, no siempre negacionistas del cambio climático. Su edad, su género y su síndrome de Asperger se suman a un incómodo mensaje: que tanto nuestro modo de vida como el sistema deben cambiar si queremos frenar las emisiones que amenazan el medioambiente.

El otro día, en twitter, un homínido justificaba las violaciones cargando la responsabilidad sobre la víctima, todo un clásico del patriarcado desde que los monos se bajaron de los árboles.

Opinar por opinar, o como decimos en valenciano parlar per parlar, es lo que se lleva. Si tuviésemos que utilizar otra expresión popular para definir esto lo concluiríamos con que «la ignorància és la mare de l’atreviment».

Una cosa es desear un mundo sin prostitución y otra muy distinta es querer impedir que mujeres prostitutas hablen en la universidad. Hace falta haber olvidado muchas cosas fundamentales para demostrar semejante grado de intolerancia

Sr. Domingo: a las mujeres nunca, ni en los ochenta ni en los noventa ni en el siglo XIX nos ha gustado que abusen de nosotras, ni sexual ni de ninguna otra manera; ni que nos toquen ninguna parte del cuerpo sin nuestro permiso; ni que nos impongan las relaciones sexuales como chantaje para nada; ni que nos violen, en general.

Ninguna de esas ideas que defiende la derecha tiene que ver con lo que realmente proclama el feminismo ni es verdad que las políticas feministas tengan los efectos que le achacan. Es una burda caricatura, o más bien una simple mentira, afirmar que el feminismo equipara a todos los hombres con maltratadores o violadores

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