El otro día, en twitter, un homínido justificaba las violaciones cargando la responsabilidad sobre la víctima, todo un clásico del patriarcado desde que los monos se bajaron de los árboles.

Opinar por opinar, o como decimos en valenciano parlar per parlar, es lo que se lleva. Si tuviésemos que utilizar otra expresión popular para definir esto lo concluiríamos con que «la ignorància és la mare de l’atreviment».

La monja togolesa Makamtine Lembo basa su investigación en el relato de nueve religiosas violadas por sacerdotes en países del África subsahariana. “Las monjas se sentían atrapadas y no podían escapar”, sostiene Lembo, que destaca entre las causas de la violencia el desequilibrio de poder entre monjas y sacerdotes.Las mujeres –mayoría en la Iglesia– quedan relegadas al servicio del sacerdote u obispo del lugar: “son criadas y, en casos extremos, esclavas sexuales”

Negar la violencia de género obedece a un tipo de rearme ideológico masculino con el que se pretende desactivar el avance del feminismo y obstruir el camino hacia la igualdad.

Sr. Domingo: a las mujeres nunca, ni en los ochenta ni en los noventa ni en el siglo XIX nos ha gustado que abusen de nosotras, ni sexual ni de ninguna otra manera; ni que nos toquen ninguna parte del cuerpo sin nuestro permiso; ni que nos impongan las relaciones sexuales como chantaje para nada; ni que nos violen, en general.

Mujereando es un proyecto teatral dirigido por una trabajadora social que ofrece un refugio seguro y un espacio de comprensión a mujeres que viven en las calles

“De las 47 mujeres que han pasado, las 47 han sido víctimas de violencia machista”, explica Carmen Tamayo, que presenta este jueves la obra El quejío de una diosa en Matadero a las 20h hasta completar el aforo

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